La agenda roja
El año nuevo empezó hace más de un mes y con él nuevos sueños, nuevos objetivos y nuevos propósitos, seguramente compraste una agenda para anotarlos. Yo también lo hice, compré una agenda hermosa de color rojo pero la tuve totalmente vacía en enero, es más, ni siquiera la abrí. Pasaban los días y solo la veía encima de mi escritorio y pensaba ya la voy a abrir, ya voy a anotar los pendientes y nunca anoté nada. Me olvidé, acumulé pendientes y no cumplí con algunas actividades que tenía que hacer. Me sentí mal por aquello.
Sin embargo "salí viva" de los casi cien días de enero jajaja, pude organizarles por lo menos dos celebraciones a mis cumpleañeros del mes, dormí hasta tarde, comí a deshoras, caminé descalza en mi casa, me vi con mis amigos, tomé cerveza, y canté sin vergüenza. Y me sentí muy bien con todo eso. Creo que después de todo no me fue tan mal.
Eso sí, apenas empezó febrero me puse juiciosa y abrí la bendita agenda roja que aún olía a nueva y fue relajante escribir todo aquello que tenía en mi mente. No, aún no cumplo con toda la larga lista de pendientes pero ya me encuentro trabajando en ellos y sé que es poco probable que me olvide pues están anotados en un lugar donde mi mente no los puede borrar.
De esta situación aprendí que "el lápiz más débil es mejor que la memoria más aguda" ya que quedó más que comprobado que con tantas situaciones que se me presentaron, poco a poco me fui olvidando de todo lo que "tenía que hacer" y a la final no hice algunas cosas. Por eso de ahora en adelante retomaré aquel buen hábito que alguna vez tuve y que no sé en qué momento lo perdí: escribir todo en una agenda. En mi agenda roja.
También aprendí que tener un poco de desorden en mi vida fue liberador. Es cierto que no anoté todo lo que tenía que hacer, pero tampoco eran cosas urgentes ya que nadie se murió por no haberlas hecha en ese tiempo, y esa fue precisamente esa la última lección que pude aprender de esta situación: hay tener en cuenta las diferencias entre las cosas urgentes de las importantes para así llevar un orden y no frustrarse, ya que en esta vida hay que aprender a mantener el equilibrio entre lo que hacemos porque tenemos que hacerlo y lo que realmente queremos hacer.
Cumplir con nuestras obligaciones y responsabilidades está bien, y tener un poco de desorden en nuestra vida también.
Una vez alguien me dijo "a la final todos nos vamos a morir", en aquel tiempo cuando escuché eso pensé que era una frase muy dura, pero ahora sé que es una frase muy cierta. Desde aquel día tengo la filosofía de vivir un día a la vez y ahora con mi agenda roja vacía en el mes de enero tengo claro que la vida no es una competencia de quién anota y cumple más, sino un camino lleno de situaciones urgentes e importantes, y que caminar recto o dando vueltas, depende de cada uno, con tal de que seamos felices mientras caminamos ya que aquel camino tiene un mismo final para todos.

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