¡Hola de nuevo!
En agosto del 2018 fue la última entrada en mi blog y es increíble darme cuenta que han pasado tantas cosas desde esas últimas líneas que les compartí, como por ejemplo que hace días mi hijo menor cumplió 5 años, sí mi bebé en el que me inspiré para escribir “Regálame siete meses mamá”.
Aunque para ser sincera puedo decir que le regalé más de siete meses, fueron cinco años para ser precisa. ¿Me arrepiento? Definitivamente no. ¿Seguirán siendo más años? Claro que sí, porque así lo necesita mi hijo, porque yo lo quiero seguir criando con toda mi dedicación y tiempo posible.
Estos últimos cinco años han sido una verdadera locura. Y es que criar a mis 3 hijos, ocuparme de las cosas de la casa y de la escuela de los niños, ser terapeuta y mamá-sombra de mi hijo mayor, educar a mis 3 perras, tratar de ser buena esposa, trabajar y cuidar de mí son labores titánicas que cansan, fatigan y abruman. Me he perdido y me he encontrado, aunque algunas veces ni puedo reconocer en mí la mujer que está detrás de esta mamá.
Me siento como una malabarista que trata de mantener el equilibrio para que ninguna de las pelotas se le caigan. Sí, una malabarista que además tiene que hacer todos sus malabares con gracia.
Lo bueno de todo esto es que no soy la única, cada vez hay más madres que se animan a compartir acerca de su maternidad y también hablan acerca de discapacidades y/o diagnósticos en sus hijos, y eso es bueno porque hacemos fuerza para derrumbar mitos, normalizar una maternidad real y visibilizar los diferentes diagnósticos en la vida de nuestros hijos.
Entonces aquí voy de nuevo a acompañarlas en este camino sinuoso llamado maternidad.

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