Hoy no me siento especial
Hay días como hoy que no me
siento especial, siento que el título de
mamá especial lo recibo, como muchas, solo por tener un hijo con capacidades
diferentes más no porque tenga habilidades extraordinarias para ser mamá. Ya
que como todas me enojo cuando mis hijos no me obedecen, muchas veces grito
esperando ganar más autoridad, pierdo la paciencia cuando repito mil veces lo
mismo, me gusta alejarme de todo para estar en paz y muchas veces quiero salir
corriendo, huir, huir lejos…
También son muchos los días en
que siento que mi fe desfallece, cuando una crisis epiléptica invade nuestras
vidas sin razón aparente, justo cuando creímos haber controlado a la epilepsia…
tengo días grises en los que siento que una nube negra me persigue y me llueve
solo a mí. Días en los que no tengo ganas de despertarme de la cama para hacer
el desayuno, alistar a los niños para dejarlos en la escuela-guardería, ir a trabajar a la
oficina, regresar a verlos a la escuela para ir volando a la casa a recibir las
terapias, llegar a cocinar, darles de comer, jugar con ellos, bañarlos y por
fin acostarlos (intentando no quedarme dormida primero) para repetir la jornada
al día siguiente; son días que simplemente con pensar todo lo que tengo que
hacer me abrumo y no quiero hacer nada.
Hay días en los que no veo
progreso en mi hijo, más bien veo como aparecen nuevas conductas extrañas con
las que tendremos que lidiar, a veces siento que se estanca y no avanza o peor
aún hay veces que creo ver un retroceso… y estar observándolo de esa manera,
siempre pendiente de Él y de todo lo que se quiere lograr, me cansa, muchas
veces me frustra, y otras veces me desilusiona.
Días en los que soy la mejor de
las investigadoras y me pongo a buscar información e la rara enfermedad que
tiene mi hijo y encuentro muchas investigaciones, miles de publicaciones, pero
nada alentador, me empecino en buscar el origen de todo esto y nunca lo
encuentro.
Días realmente duros en los que
me siento encerrada en un cuarto sin salida, en los que siento que no pega ni
un rayito de la luz del sol. Días en los que no solo me pregunto ¿Por qué a mí?
¿Por qué a mi hijo? Sino también reclamo ¿Hasta cuándo?... Días en los que
siento que el dinero ya no alcanza y la paciencia se acaba…
Esos son los días en que no me
siento nada especial, e incluso me siento no merecedora de un hijo como el mío,
no encuentro “las cualidades especiales” que Dios vio en mí para darme un hijo
así.
Esos días la cabeza me revienta,
paso de mal genio, siento que todo a mi alrededor apesta y me voy a dormir
angustiada, afligida, afanada, inconforme y sintiendome la peor mamá del mundo...
Lo bueno de esto, es que esos
días son solo a veces.
Comentarios
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario!