Los momentos más bellos


Muchas veces nos vemos envueltas en el quehacer diario; la casa, la cocina, los estudios, el trabajo y más. Vivimos tan de prisa, al apuro y sin pausas. Las preocupaciones y ocupaciones en general limitan el tiempo que les debemos dedicar a  las cosas realmente importantes de nuestra vida.  Y así sin darnos cuenta pasa un día tras otro y vivimos llenándonos de excusas para no hacer algo. Por lo general, esto nos ha ocurrido a todos por lo menos una vez en la vida.
Pero si nos detenemos a ver que una de esas “cosas importantes de nuestra vida” es la relación que fomentamos con nuestros hijos desde que son unos bebés dejaríamos de justificarnos cada vez que no tenemos tiempo para ellos.
Nuestros hijos requieren de nuestro tiempo en cuanto a cantidad y calidad. Ellos se merecen y necesitan tener una mamá que les de los buenos días, que los abrace, que se siente con ellos a ver televisión, que les lea un libro, que les enseñe a orar, que juegue con ellos, que los lleve a pasear, que los alimente, que los bañe y que al final del día les dé un beso de buenas noches. Pero por nuestras ocupaciones diarias no podemos cumplir con todas las actividades señaladas, muchas trabajan fuera de casa o desde casa, otras estudian y otras  hacemos ambas cosas. Sin embargo si tenemos en cuenta la importancia y el significado de esto en la vida de nuestros hijos, estoy segura que vamos a encontrar un tiempo para dedicarnos a ellos porque son justamente esos pequeños momentos que compartimos con ellos que harán fortalecer su carácter, su personalidad y endulzará su corazón porque sabrán que tienen una mamá que se ocupa de ellos y que los ama.

No deleguemos esta hermosa responsabilidad a la abuelita, a la niñera, a la suegra o a la tía que los cuida. Una cosa es que ellas cuiden a nuestros hijos -haciéndonos un favor o recibiendo un pago- y otra cosa muy diferente es que lo eduquen y les den el amor que necesitan. Porque eso, eso solamente lo puedes hacer tú, su mamá.
Si te sientes cansada, ofuscada o estresada por tantas actividades que realizas al día. Tómate un vaso de agua, respira profundo y acuérdate que esa etapa de sus vidas no se repetirá y que el tiempo pasa rápido y no vuelve más. Ellos no tienen la culpa de tu cansancio o de tus ocupaciones por lo tanto no es justo que por hacer tus cosas les quites tiempo a sus cosas, que tienen igual o mayor importancia que las tuyas. Tus actividades son pasajeras, sus necesidades son trascendentales.


Recuerda que algún día tus hijos crecerán y se irán de tu casa y puede ser que nunca más te pidan con tanta insistencia un abrazo puro, un abrazo sincero con esa bella dependencia y esa angelical inocencia. 

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